lunes, 27 de julio de 2020

Por ti, me pongo el sombrero

















Me he quitado la última espina
del cardo que confundí con rosa
y a ti,
con Principito.
He sangrado más
de lo que (te) hubiese querido.

He tocado el cielo
con la punta de tu cigarro
y en vez de deshacerse
hemos provocado un incendio
del que solo podríamos salir
cada uno por nuestro lado.

Se me dilatan las pupilas
como un eclipse total
que ha dejado de iluminar la lluvia
y nos ha enseñado
que tampoco hay arcoíris
cuando pasa la tormenta.

Que sí, que las cosas se estropean
pero yo tengo a Diógenes vomitando
en el baño de tu piso.
Ha puesto todo el suelo perdido
y he encontrado la uña que perdí
intentando imitar unas manos
que no pudieron ser mías.

He encendido una vela
con la cerilla que casi hizo saltar
todo por los aires
y la luz ha salido disparada.
Será estrella fugaz
para algún desesperado.

He soltado el gatillo
y limpiado la escopeta,
a veces la violencia es la solución.

Que sí.
Que todo lo que sube, baja
pero pensaba que teníamos
suficientes portazos
para no volver a correr por los pasillos
descalzos
sabiendo que hubo huracán de chinchetas
y nadie se paró a recoger-
nos.

martes, 14 de julio de 2020

El mal actor


















Anoche me escapé por un agujero
entre los tablones del suelo
y planté un jardín de tulipanes
en mitad de la autopista.

Con mi camisón de mariposas
bailé entre mi nuevo secreto
a ver si conseguía que lloviera.
Pero la naturaleza
había pausado su curso.

Al despertar,
abrí los párpados
como se abren las puertas
y las mentes
pero no había cambiado nada.

Toda una vida en bolsas de basura
a las que llamábamos recuerdos
y el fantasma, cansado,
sigue sin encontrar paz
porque el miedo no nos deja afrontar
que esto lleva mucho tiempo muerto.

Y nosotros no hemos dejado de bailar,
fingiendo que sigue vivo,
haciendo como que no huele a podrido,
como que no vemos que son moscas
a lo que llamamos mariposas.

lunes, 29 de junio de 2020

Ya no quedan poetas escondidos en las sombras


















Vivimos en un mundo repleto de poesía
y sin nadie que la escriba.

He perdido la cuenta de los años
que estuve buscando a un Neruda
que me acompañase a casa
y me recitase “Caballo de los sueños”
entre besos por las esquinas.
Pero antes ya no cuenta.

Quería reír,
quitarme los tacones
y dejar a mis pies disfrutar del frío
-del asfalto, digo.

Neruda iba a seguir recitando,
sin dejar de mirarme
como si fuera un ángel de rímel corrido
por quien mataría a cambio de llevar al cielo
en el primer callejón que se nos pusiera por delante.
Pero antes no es ahora.

Cuántas veces creí haber encontrado a mi Dámaso Alonso
que escribiera sobre el territorio de guerra
delimitado por las esquinas de mi habitación.

Sí,
porque sus “Hijos de la Ira”
jamás hablaron del fuego cruzado
entre nuestras manos entrelazadas;
soldados y traidores eternamente luchando,
sudando,
ansiando victoria entre sábanas rojas
esta vez de pasión y no sangre.

Porque fue así,
tras una Guerra Fría que parecía eterna,
firmamos la paz:
Yo, inmovilizada contra la pared
y tú iniciador del tiroteo
que nos hizo perder los papeles a ambos
y encontrar por fin la rendición del otro.

Pero todo era mentira,
y mi conclusión es que ni tú fuiste Cortázar ni yo tu Maga:
Vivimos en un mundo sin lectores ni escritores,
donde las putas se amargan de mal-folladas
en un despacho sin ventanas;
y los poetas venden su arte
al primero que diga apreciarlo
en una esquina de Montera.

jueves, 18 de junio de 2020

Espero que me robaras lo que buscabas

















No bajes la guardia
ni te conviertas en mi ángel.
Solo te pido que no seas un capullo,
que ya me empaché de mariposas
y vomité en la piscina
a la que el fantasma,
tantas veces,
me pidió que me tirara.

Y algo en mí me paraba
justo al borde del trampolín
con impulso ya cogido,
tú esperando
y yo paralizada.

No sabría decirte exactamente
qué era,
pero tenía razón.
Tampoco sabría decirte exactamente
quién era yo
por aquel entonces,
pero sé que no me tomaría un café con ella
(ni una cerveza).

Así que gracias,
por llevártela contigo,
por dejarme el sofá roto para siempre
y el corazón pudiendo recuperarse.


lunes, 8 de junio de 2020

Pisándome los pies

















Siento a los gusanos debajo de mi piel
explotar en mariposas,
una por cada poro
al unísono
en un orden sobrenatural.

He visto contigo
colores que no existen aquí.
He sido contigo
y juntos,
hemos dejado de ser.

La infinitud no es un mito
porque lo que ves no es lo que hay.
Qué pereza todo lo demás:
Dame forma
como si estuvieras haciendo un jarrón
de cerámica.
Derramarme por tus manos,
darte de beber.

Caernos por la escalera
de la risa,
no poder levantarnos
y quedarnos a dormir.

Quién quiere colchones
cuando tenemos este mundo
en bandeja
y muchísima hambre.

Eres todos mis sueños cumplidos,
todo lo que no podemos imaginar
y sabemos;
todo lo que hemos visto
y no podemos recordar.

Quiero contarte una historia
letra a letra
sobre los mundos que,
sin saberlo,
llevas dentro.

Volver a mi cabeza
y encontrarme contigo
para que me lleves de la mano
por todo lo que somos
por todo de lo que seremos parte.

Matar a mi ego
y que callen las voces:
Hablar por primera vez.

martes, 26 de mayo de 2020

Sábado santo


















Voy a crecer como una rosa
entre las grietas de paredes
que un día tuvieron cuadros
y esperar a que me recojas
como si no significara morir.

Van a crecerme pétalos entre las piernas
que querrás deshojar
como si lo necesitaras
para saber que sí te quiero.

Excusas baratas que agachan la cabeza
al encontrarse contigo
y mi sombra sonámbula
huyendo de tus palabras.

Me iría hasta el fin del mundo
con tal de no volver a escuchar tus gritos.
Haces que tenga que pedirme perdón;
dices quererme, y lo peor es que te creo.

A veces creo verme a través de tus ojos,
que he aprendido a confundir con los míos
como si hicieran constante competición
sobre quién puede verme peor.


martes, 12 de mayo de 2020

¿Dónde nace tu miedo?





















No hay agujas suficientes
para indicarte cada hora
que he pasado echándote de menos.

Hacemos tiempo mientras él llora
porque siempre seremos muy bonitos,
multidimensionales
para él, ajenos,
pero ningún momento es el nuestro.

La piel cubierta de flores,
tirada en la hierba en lo alto de una colina,
a sus pies, un charco que veo lago
y a los míos, mi trocito de mundo.

Voy a ser quien siempre supe maltratar,
callar, escupir, arrancar el pelo.
Voy a seguir naciendo,
van a seguir dándome luz,
siendo la que necesitaba en el túnel
que se convirtió en laberinto
y del que me he sacado yo sola.

Voy a abrir los ojos
y los brazos,
encontrar el miedo
y guardarlo en el cajón de arriba,
hacerla mi colina,
hacer mi vida entera mía
y entender de una puta vez
que todos los momentos son el mío.