lunes, 30 de noviembre de 2020

Asteroides de hielo











Acércate de puntillas,
que voy a tocar tu canción favorita
con el violín
en la cuerda floja de nuestro Titanic.

Los peces con pancartas de bienvenida
y nosotros con los ojos clavados
en el momento antes del último.
Van a llovernos encima
todas las estrellas que no consiguieron fugarse.

He aprendido a no creerme
cuando me veo perdida
y a quererme
por encima de mis heridas.

Haces galaxias al chasquear los dedos,
congelas dimensiones solo con tocarte el pelo
me engañas aunque sé
que puedes ser también agujero negro. 

Sonríeme a través de la escafandra,
acuéstate como un gato
a dormir en mis cráters
a descansar en mis rinconces oscuros
a envolverte alrededor de mis inseguridades.

¿Qué llevas en la mochila?
En la mia solo hay cometas.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Leche con canela y limón

 











La tierra cobra vida
y se enrolla en mis talones
acariciando mis pasos.
El viento me da un beso en la frente
que sabe a jazmín
y noches de verano.

El mar constantemente caliente
y el faro haciendo señales en morse,
contando un cuento cada noche
mientras mi abuela
en su mecedora,
sigue cantando su canción.

Sé que pasa así todas sus noches,
entre sus olas y las de mi edredón,
descansando sus dedos en el espacio
y en el que dejan los míos.
No iba a ser esta
su primera promesa rota.

Voy a tatuarme dos jazmines
que van a saber todo lo que te quiero
y a caramelo casero.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

Cinco arañazos después

 




















No te vayas
y si te vas
no vuelvas
a irte
despidiéndote de mí.

Di adiós a todo lo que fuiste
si te vas
es tu decisión y mi razón
para perderla esta noche.

Tengo las ideas colapsadas
con tus últimas palabras
y la lengua se me seca
porque no hay palabras en ella
ni en ningún otro idioma
para.

Hurgar en la llaga
con la mano entera
porque un dedo no la abarca
ya no es cruel,
es compasión.

Sin pasión y sin ganas de vestirte
puedes hacerme el amor
o esperar a que haga frío otra vez.
Permiso concedido: pégame
pero solo si es un tiro
te juro que no puedo soportar más dolor
aunque puedes intentarlo.

He llegado a un punto
de partida
desde el que nunca empecé nada
y me he rebozado en el barro
por si las moscas
se cansan de comer mierda
y me confunden con sus ideologías
hasta que no quede ni una pestaña
de lo que fui y nunca llegaré a ser.

lunes, 27 de julio de 2020

Por ti, me pongo el sombrero

















Me he quitado la última espina
del cardo que confundí con rosa
y a ti,
con Principito.
He sangrado más
de lo que (te) hubiese querido.

He tocado el cielo
con la punta de tu cigarro
y en vez de deshacerse
hemos provocado un incendio
del que solo podríamos salir
cada uno por nuestro lado.

Se me dilatan las pupilas
como un eclipse total
que ha dejado de iluminar la lluvia
y nos ha enseñado
que tampoco hay arcoíris
cuando pasa la tormenta.

Que sí, que las cosas se estropean
pero yo tengo a Diógenes vomitando
en el baño de tu piso.
Ha puesto todo el suelo perdido
y he encontrado la uña que perdí
intentando imitar unas manos
que no pudieron ser mías.

He encendido una vela
con la cerilla que casi hizo saltar
todo por los aires
y la luz ha salido disparada.
Será estrella fugaz
para algún desesperado.

He soltado el gatillo
y limpiado la escopeta,
a veces la violencia es la solución.

Que sí.
Que todo lo que sube, baja
pero pensaba que teníamos
suficientes portazos
para no volver a correr por los pasillos
descalzos
sabiendo que hubo huracán de chinchetas
y nadie se paró a recoger-
nos.

martes, 14 de julio de 2020

El mal actor


















Anoche me escapé por un agujero
entre los tablones del suelo
y planté un jardín de tulipanes
en mitad de la autopista.

Con mi camisón de mariposas
bailé entre mi nuevo secreto
a ver si conseguía que lloviera.
Pero la naturaleza
había pausado su curso.

Al despertar,
abrí los párpados
como se abren las puertas
y las mentes
pero no había cambiado nada.

Toda una vida en bolsas de basura
a las que llamábamos recuerdos
y el fantasma, cansado,
sigue sin encontrar paz
porque el miedo no nos deja afrontar
que esto lleva mucho tiempo muerto.

Y nosotros no hemos dejado de bailar,
fingiendo que sigue vivo,
haciendo como que no huele a podrido,
como que no vemos que son moscas
a lo que llamamos mariposas.

lunes, 29 de junio de 2020

Ya no quedan poetas escondidos en las sombras


















Vivimos en un mundo repleto de poesía
y sin nadie que la escriba.

He perdido la cuenta de los años
que estuve buscando a un Neruda
que me acompañase a casa
y me recitase “Caballo de los sueños”
entre besos por las esquinas.
Pero antes ya no cuenta.

Quería reír,
quitarme los tacones
y dejar a mis pies disfrutar del frío
-del asfalto, digo.

Neruda iba a seguir recitando,
sin dejar de mirarme
como si fuera un ángel de rímel corrido
por quien mataría a cambio de llevar al cielo
en el primer callejón que se nos pusiera por delante.
Pero antes no es ahora.

Cuántas veces creí haber encontrado a mi Dámaso Alonso
que escribiera sobre el territorio de guerra
delimitado por las esquinas de mi habitación.

Sí,
porque sus “Hijos de la Ira”
jamás hablaron del fuego cruzado
entre nuestras manos entrelazadas;
soldados y traidores eternamente luchando,
sudando,
ansiando victoria entre sábanas rojas
esta vez de pasión y no sangre.

Porque fue así,
tras una Guerra Fría que parecía eterna,
firmamos la paz:
Yo, inmovilizada contra la pared
y tú iniciador del tiroteo
que nos hizo perder los papeles a ambos
y encontrar por fin la rendición del otro.

Pero todo era mentira,
y mi conclusión es que ni tú fuiste Cortázar ni yo tu Maga:
Vivimos en un mundo sin lectores ni escritores,
donde las putas se amargan de mal-folladas
en un despacho sin ventanas;
y los poetas venden su arte
al primero que diga apreciarlo
en una esquina de Montera.

jueves, 18 de junio de 2020

Espero que me robaras lo que buscabas

















No bajes la guardia
ni te conviertas en mi ángel.
Solo te pido que no seas un capullo,
que ya me empaché de mariposas
y vomité en la piscina
a la que el fantasma,
tantas veces,
me pidió que me tirara.

Y algo en mí me paraba
justo al borde del trampolín
con impulso ya cogido,
tú esperando
y yo paralizada.

No sabría decirte exactamente
qué era,
pero tenía razón.
Tampoco sabría decirte exactamente
quién era yo
por aquel entonces,
pero sé que no me tomaría un café con ella
(ni una cerveza).

Así que gracias,
por llevártela contigo,
por dejarme el sofá roto para siempre
y el corazón pudiendo recuperarse.